Todos durante nuestra niñez asistimos a un espectáculo circense con las locuras de los payasos, la magia de los animales, las luces, los malabaristas y los trapecistas... un mundo que parece mágico; al menos eso es lo que vemos cuando el telón se levanta y empieza el show, pero nadie sabe lo que se esconde tras esos palcos luego que las luces se apagan y el público regresa extasiado a sus casas. Esa es la historia de "Agua para elefantes", que nos muestra el otro lado del mundo del circo: el esplendor, el éxito, el amor, el odio, el fracaso, la explotación, el abuso, la impotencia... la historia se lleva a cabo durante la época de la gran depresión norteamericana; un estudiante de veterinaria por circunstancias de la vida acaba trabajando en un circo cuidando de los animales.La actuación de Christoph Waltz, el villano de la historia, como siempre espectacular.
La película nos muestra un lado que la gente muchas veces no quiere ver: las condiciones en que los pobres animales viven en estos circos, cómo son maltratados, abusados y explotados. Esta es una práctica que debería ser prohibida. Ya se demostró que un espectáculo puede ser maravilloso sin tener que usar animales; el ejemplo más grande es el "Cirque du Soleil".












Esta ha sido una semana muy activa en lo que se refiere al cine. Y como no podía ser de otra manera, había que cerrarla con broche de oro con una de esas películas que se convierten en inolvidables por su belleza, porque toca todos tus sentidos, porque te hace reír a carcajadas, pero también te hace llorar profundamente. Así fue Elsa & Fred. Una historia maravillosa sobre el amor que llega en los años dorados, sobre los sueños, el volver a vivir, el vivir de verdad, plenamente, sin miedos.
Dirigida por Matías Bize. Aunque la película no es un prodigio del sétimo arte, los diálogos son interesantes y te mantiene interesado durante la hora y veinticinco minutos que dura.